Carta a las novias y futuras novias de mis amigos

Querida tú, seas quien seas;

Mi amigo ha decidido que formas parte de su vida de una manera muy especial. Por eso, y porque doy por hecho que a partir de ahora le vas a hacer muy feliz, te doy la bienvenida a nuestro ‘círculo’ con los brazos abiertos.

Haré todo lo posible para que seas una más en el grupo, si mi amigo te ha elegido a ti yo voy a apoyarle, porque mi misión como amiga es verle FELIZ.

Estoy dispuesta a conocerte, invitarte a nuestros planes, quedar para ir de compras, al cine, o una escapada de fin de semana. Mi amigo te quiere y te anima a conocerme porque sabe que estarás en buenas manos.

También doy por hecho que traes el concepto de AMISTAD aprendido de casa. Que sabes que entre un hombre y una mujer puede existir una relación sana sin que haya amor y/o sexo en ella.

Que sabes que soy amiga de tu novio desde hace años. Puede que MUCHOS años. Y que hemos vivido muchas cosas juntos, buenas, malas y hasta regulares. Sin embargo, en todo este tiempo, la experiencia nos ha llevado a forjar nuestra amistad. Y nada más.

Sólo espero que en tu camino para hacer a mi amigo feliz no pierdas la dignidad y el autoestima pensando que ahora que has llegado tú, de repente y por arte de magia, él va a enamorarse de mí. O yo de él. Precisamente.

Que en los rincones más oscuros de tu cabeza no surja la idea de que entre nosotros hay algo más que amistad sólo porque has llegado tú. Los celos pueden doler, y a la que más le va a doler es a ti misma.

Si me apetece abrazarlo, lo haré. Seguiremos quedando para contarnos nuestras historias. Le llamaré cuando algo me ocurra y él me llamará a mí. Haremos planes juntos y juntos celebraremos todas nuestras alegrías. Es lo que siempre hemos hecho, y nada cambia porque hayas llegado tú. Lo único que cambia está en tu cabeza.

Y si por tus ideas paranoicas le haces daño a mi amigo, entonces sí pondré todo el arsenal en marcha para que desaparezcas de su vida. Y llamaré a mis tropas.

Niños escaladores de muebles

Estoy últimamente muy concienciada con el tema Ikea. Vamos, que estoy haciendo un máster en montaje y desmontaje de muebles de aglomerado.

En estos días he aprendido mucho.

Lo primero, que si compras un armario de puertas correderas, lo más aconsejable es que contrates a unos mozos del Ikea para que te lo monten.

Segundo, que no sólo son únicos en muebles baratos, también lo son en atención al cliente. Queja en Twitter, llamada inmediata de teléfono, incidencia solucionada, todo en menos de 5 minutos. Bravo.

Y lo tercero que he aprendido, que no es menos importante, es que en estos tiempos de locos ha surgido una subespecie de niños escaladores de muebles. Sí, sí, como leéis. Niños asalvajados que, como sus papás no les dejan salir al parque a escalar árboles y abrirse la cabeza naturalmente como ha ocurrido toda la vida, pues se ponen a escalar por casa.

Y si lo que hay en casa son muebles del Ikea, por ahí que suben. Como en EEUU ya han muerto varios renacuajos aplastados por la gracieta, ahora la empresa sueca obliga a incorporar en todos sus muebles un sistema de anclaje a la pared por seguridad.

¿Os suenan estos dibujitos?

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Pero no os creáis que sólo viene esto en los muebles altos, no. Incluso la mesa más bajita, de esas para poner la TV encima incluye entre sus instrucciones y tornillos este sistema.

Permítanme ustedes, señores suecos, que me salte esta norma por el forro. Paso de dejar mis paredes como un colador por si a los niños (que evidentemente no van a ser los míos) se les ocurre aventurarse a escalar muebles. Si lo intentan y sus padres no son capaces de pararles a tiempo, la hostia de rigor igual se la doy yo. Que vayan a pisarle los armarios a su puta madre, vaya.

La solución no está en sujetar los muebles, la solución está en saber educar a los niños. Si los civilizaran desde pequeños nos ahorraríamos muchos disgustos y medidas de seguridad absurdas.

 

Vueltas por el globo

A los que amamos viajar de una forma diferente, alejados de los aburridos y robóticos guías, descubriendo detalles que no vienen en los folletos y sin un horario establecido, proyectos como el que presento hoy nos activan el resorte para volver a hacer la maleta.

‘Vueltas por el globo’ es una iniciativa de Borja y Lucía, una joven pareja residente en Tenerife (Borja insistirá en que diga que él es de Málaga) que de vez en cuando salen de la isla para ir a conocer mundo. Los destinos son completamente dispares: Desde Portugal, Francia, Noruega, Andorra, Cataluña o Andalucía hasta las Islas Canarias que tienen cerquita con tanto por descubrir.

El punto fuerte del proyecto lo componen los vídeos, editados por la propia Lucía: “Cada día voy aprendiendo más de reportajes y montaje de vídeos, intentamos que la gente pase un buen rato con nosotros, les dé ganas de seguir nuestros pasos y vean algo diferente del mundo del viajero. Enseñamos lo que hay de la forma más divertida y familiar posible”.

Pero además de los vídeos, en ‘Vueltas por el globo’ también puedes encontrar artículos con opinión y consejos sobre los viajes e impresionantes fotografías para compartir.

El trabajo de las redes sociales y la web lo hace Borja: “Sobre todo hemos aprendido lo difícil que es describir lo que uno siente. Poco, o nada, importa la calidad de una imagen si no se consigue transmitir esa sensación que consiguió erizar tu piel. Supongo que por ello, y por la cantidad de blogs que hay dedicados al turismo, nos propusimos ser distintos. Ser nosotros.”

Han viajado en moto (de tierra, agua y nieve), quad, coche, avión, barco, tren, trineo… y próximamente autocaravana. Ningún medio de transporte se les resiste, aunque aún queda pendiente un vuelo en globo.

A veces viajan solos y otras veces se llevan compañía, como en la visita a Polonia a la que se apuntó también la familia de Lucía. Aquí podéis ver todos los capítulos que van subiendo de esta experiencia:

La clave está en la naturalidad frente a la cámara, ya que aunque los viajes estén organizados, los vídeos se hacen sin guión.

Os invito a descubrir el mundo de la mano de ‘Vueltas por el globo‘, puede que próximamente yo participe en alguno de sus viajes…

Convertir sus lágrimas en carcajadas

Hoy voy a escribir sobre un tema del que me cuesta mucho hablar con la gente que no conozco, pero que veo conveniente y necesario si al menos puedo conseguir mi objetivo. Este objetivo lo contaré al final.

La razón de no haber hablado antes de esto es porque no me gusta que me prejuzguen, ni para bien ni para mal. SOY VOLUNTARIA DE CRUZ ROJA. Y la mayoría de las personas que se enteran de ello sin conocerme, piensan: “oh, ¡qué buena persona!”. Pues ya voy a dejar claro desde este momento que no, no soy una buena persona y el hecho de ser voluntaria tampoco me hace mejor.

Hace 3 años que estoy metida en este ‘lío’, motivada por las ganas de conocer gente que me aporte valor, hacer actividades diferentes que me sacaran de la rutina, aprender a potenciar algunas de mis aptitudes y, de paso, poder ayudar a personas que lo necesitan.

He participado en proyectos de inmigración, reparto de alimentos, e infancia, aunque en el que más tiempo he estado ha sido en el de los niños, concretamente dos años. Ahora que tengo que dejarlo por un cambio de ciudad, repaso esta experiencia con cariño.

No me gustan los niños.

Es así, no me gustan los niños. Son entretenidos para un rato, pero a la larga resultan pesados, caprichosos, chillones y con un montón de ‘por qués’ con los que complicarte la vida. Así que cuando me propusieron esta iniciativa me enfrenté a ella como un reto personal, para conocer mejor a esas criaturitas a los que había que dar de merendar, ayudarles con los deberes y entretenerles un rato.

Empecé con cierto miedo, no lo voy a negar. Cuando yo entré ya llevaba unas semanas iniciado el proyecto y mis compañeras tenían la situación dominada. Tenía que aprenderme más de 20 nombres, la mayoría de los cuales no había oído en mi vida. No tardé en perder ese miedo cuando me dieron el primer abrazo y el primer dibujo dedicado con un “te quiero mucho”.

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Durante estos dos años he aprendido que para un niño es muy sencillo dar amor y agradecerte simplemente que estés ahí, que con ellos se puede dialogar incluso mejor que con muchos adultos, y que todo tiene solución, incluso mi agonía con las matemáticas. También he aprendido a enseñar, a disfrutar del sentido del humor de los más pequeños, a escucharles y detectar sus problemas, a controlar situaciones de tensión y a convertir sus lágrimas en carcajadas.

Gracias a mis compañeras y compañero fue todo mucho más fácil desde el principio y pronto formamos una pequeña familia con una veintena de niños a nuestro cargo durante unas horas a la semana. Voy a echar muchísimo de menos a todos, pero toca emprender nueva etapa en un nuevo destino. No pretendo desvincularme de Cruz Roja, allá donde vaya seguramente tendrán algún proyecto que se adapte a mis intereses.

Y aquí es donde llegamos al objetivo.

El objetivo de todo esto que te he contado es que seas mejor persona. JAJA. No, ahora en serio, puedes seguir siendo el mismo cabrón de siempre, pero si entras a formar parte del voluntariado de Cruz Roja solucionarás la vida de mucha gente, incluso la tuya.

Te digo Cruz Roja porque cuando me planteé colaborar con una ONG estuve investigando varias y es la que más se ajusta a lo que yo buscaba, pero puedes mirar la que más te guste o la que más cerca tienes. Eso sí, infórmate bien antes de comprometerte con nada. Cuanto más alejada esté la organización de los intereses de la Iglesia, mejor. La ayuda humanitaria no entiende ni debería entender nunca de religiones.

Si contando mi experiencia he conseguido que sientas el impulso de formar parte de una ONG, entonces… OBJETIVO CUMPLIDO. No te pongas límites, eres válido para ayudar, busca la asamblea más cercana a tu casa o entra en Cruz Roja Voluntariado, allí te indicarán los pasos a seguir para entrar en el proyecto que más se adapte a ti. Sólo necesitas ganas, motivación y compromiso con la tarea o tareas que quieras asumir. Y luego, si te apetece, vienes y me lo cuentas.

Volver a empezar

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Caffè Latte ha sufrido un cambio. En apariencia no, porque me lo he traído tal y como estaba, pero si os fijáis, la URL ya no es la misma. He mandado el .es al infierno por una serie de problemas que me ha causado 1&1 (si vais a comprar dominios evitad hacerlo por medio de ellos si no queréis que os estafen).

La verdad es que al principio me he enrabietado ante la perspectiva de perder mi dominio, pero una vez recuperado todo el contenido que tenía allí, doy luz verde a este caffelattepuntoes con las mismas ganas de escribir, de compartir historias y dejar que la inspiración me posea.

Ahora, tanto si sigues Caffè Latte desde hace tiempo como si acabas de llegar, te agradezco que me ayudes a dar a conocer esta nueva ubicación, para que nadie se me pierda por el camino. Comparte el enlace https://caffelattepuntoes.wordpress.com en tus redes, cada click cuenta.

Mi MaMá Me Mima

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¿Cuántos van a aprovechar el día de hoy para decir algo distinto al resto?

Si tienes la madre más fea del mundo, una madre vaga, descuidada, que se drogaba o emborrachaba mientras te dejaba solo, una madre que jamás te enseñó nada, que siempre tiene otras prioridades, que nunca te dio cariño, no pasó noches en vela cuando estabas enfermo, no te defendió cuando más lo necesitabas, no curó tus heridas ni te aportó esos valores básicos para afrontar la vida.

Si tuviste una madre así, feliz día de la madre para ti, por sobrevivir a pesar de todo y aguantar al resto del mundo vomitando arco iris.

Además, no os equivoquéis, vuestra madre no es la mejor. La mejor es la mía. La más guapa, la más trabajadora, la más limpia y organizada, la que es capaz de dejarlo todo para estar a mi lado. Me enseñó las letras, ‘Mi MaMá Me MiMa’, me dio todo el cariño, lloró conmigo cuando nuestro mundo se vino abajo, me defendió ante los ataques de lobos salvajes, curó todos mis dolores y marcó mi camino para que pudiera recorrerlo sin tropezarme.

1 kg de ayuda y 2 toneladas de indiferencia

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Ayer hablaba sobre algunos aspectos del terremoto en Nepal, hoy voy a cuestionar otro aspecto que rodea a esta tragedia. Ante este y otros desastres naturales similares, la primera reacción del ‘Primer Mundo’ es enviar toneladas de ayuda humanitaria para cubrir las necesidades básicas de los supervivientes y que puedan rehacer sus vidas cuanto antes. Está por ver que esa ayuda llegue realmente a sus destinatarios y que realmente sirva de algo, pero algunos le ponen toda la buena intención.

Nos echamos las manos a la cabeza por la desgracia sufrida a miles de kilómetros (no siempre es cierto que los medios no hablen de ello, tened en cuenta que el 90% de las ocasiones os enteráis a través de ellos) y las campañas de las ONGs para recaudar ayuda de los ciudadanos apelan a nuestro corazoncito.

Entonces, con la frecuencia media de una vez al año / una vez en la vida, nos sentimos buenas personas porque hemos aportado nuestro granito de arena para que los pobres desgraciados de Nepal (o de donde sean) tengan mantas para abrigarse por las noches. Y lo más importante, nos encargamos de que todos los que nos rodean online y offline se enteren de la hazaña y nos suban a un altar con palmaditas en la espalda o a golpe de RTs y ‘Me gustas’. Porque dime tú, ¿qué sentido tiene ayudar a alguien si nadie sabe que lo haces?

Solidaridad… ese concepto tan relativo que pocas veces sacamos a relucir con las personas que tenemos cerca. Nos entran más por los ojos las necesidades promocionadas por los medios que nos muestran a niños muriendo de hambre y mil enfermedades que esa familia que cada día rebusca en los contenedores de nuestro barrio y solicita unas monedas o comida a la puerta del supermercado. Será porque los pobres del primer mundo no son tan pobres.

La ayuda requiere un compromiso pero, ¿qué digo? Si no somos capaces de comprometernos ni con nuestra madre, ¿cómo vamos a ofrecer semejante valor a alguien que no conocemos de nada y encima no nos va a dejar herencia? Pues por muy mitológico que parezca, hay personas que se implican en hacer que la gente que en su propio barrio necesita ayuda pueda vivir un poco mejor. No tienen dinero para enviar comida o mantas al otro lado del mundo, pero sacan horas de debajo del despertador para ofrecer su tiempo, su esfuerzo y sus propias manos a los demás.

La finalidad de esto debería ser ayudar, no aparentar ser buenas personas. Pero de todas formas, tanto si queréis ayudar como si queréis ser buenas personas, no hace falta que os quedéis pasmados mirando la TV a ver qué anuncio os da más lástima. Acudid a las plataformas y ONGs de vuestra ciudad, pedid información y decidid qué podéis aportar y dónde encajáis mejor. Hagáis lo que hagáis, no os preocupéis tanto por lo guapos que salís en los selfies mientras estáis ayudando, presumidos de mierda.