COÑOCRACIA

Hoy es el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Y por extensión, el Día de la Mujer, por aquello de no menospreciar a las que se pasan la vida tiradas en el sofá tocándose el chichi.

Que sí, que trabajadoras somos todas, aunque no necesariamente en nómina. Pero no lo traemos en el ADN, que no os engañen. El tiparraco que se acuesta en tu cama y se come la comida que tú has cocinado también está predispuesto genéticamente a ser amo de casa.

Así que pedimos igualdad de géneros. De acuerdo, mismos derechos, mismos deberes, mismo trato justo. Que lo mismo que ellos justifican nuestras idas de olla a que estamos con la regla, nosotras justificamos sus estupideces con eso de que piensan con la polla.

Me parece muy triste, indignante, injusto, que durante siglos se nos haya tratado como seres inferiores. Igual de triste, indignante e injusto me parecen ciertas situaciones de la sociedad en las que se nos denigra sólo por el hecho de ser mujeres.

Pero ¿qué queréis que os diga? También me indigno con la actitud de algunas mujeres (normalmente grupos de mujeres, que los coños unidos parece que tienen más fuerza) que persiguen la deseada igualdad quitándose del camino a todos los hombres que no les hacen la ola al pasar.

No, bonitas. Ponerse por encima no es igualdad. El otro día participé en un encuentro de mujeres trabajadoras y alguien dijo que no podríamos conseguir la igualdad sin la ayuda de los hombres. Que en cualquier momento se nos va de las manos y vemos a los hombres reivindicando sus derechos porque se han visto superados y avasallados por nuestra eterna lucha y constancia.

No quiero decir con esto que no exista un movimiento por la igualdad real, porque hay que reconocer que no todas estamos locas del coño y podemos hasta llegar a ser razonables.

Estoy muy harta de ver campañas ‘por la igualdad’ protagonizadas por mujeres que necesitan ser escuchadas. Yo sueño con una reivindicación igualitaria en la que hombres, mujeres y género neutro luchen con pasión por sus derechos como SERES HUMANOS.

¿Qué narices? Con lo que de verdad sueño es con un día en el que no haya que luchar por esas cosas porque ya las habremos conseguido. Y puestos a pedir, también sueño con un hombre que cocine, que planche, que limpie, que cuide a los niños y que ingrese una nómina en la economía familiar. Mientras, yo, cocinaré, plancharé, limpiaré, cuidaré de los niños e ingresaré mi nómina en la economía familiar.

¿Lo veis? Eso es igualdad.

Y a las que soñáis con un mundo gobernado por mujeres, os deseo un Feliz Día de la Coñocracia.

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Carta a las novias y futuras novias de mis amigos

Querida tú, seas quien seas;

Mi amigo ha decidido que formas parte de su vida de una manera muy especial. Por eso, y porque doy por hecho que a partir de ahora le vas a hacer muy feliz, te doy la bienvenida a nuestro ‘círculo’ con los brazos abiertos.

Haré todo lo posible para que seas una más en el grupo, si mi amigo te ha elegido a ti yo voy a apoyarle, porque mi misión como amiga es verle FELIZ.

Estoy dispuesta a conocerte, invitarte a nuestros planes, quedar para ir de compras, al cine, o una escapada de fin de semana. Mi amigo te quiere y te anima a conocerme porque sabe que estarás en buenas manos.

También doy por hecho que traes el concepto de AMISTAD aprendido de casa. Que sabes que entre un hombre y una mujer puede existir una relación sana sin que haya amor y/o sexo en ella.

Que sabes que soy amiga de tu novio desde hace años. Puede que MUCHOS años. Y que hemos vivido muchas cosas juntos, buenas, malas y hasta regulares. Sin embargo, en todo este tiempo, la experiencia nos ha llevado a forjar nuestra amistad. Y nada más.

Sólo espero que en tu camino para hacer a mi amigo feliz no pierdas la dignidad y el autoestima pensando que ahora que has llegado tú, de repente y por arte de magia, él va a enamorarse de mí. O yo de él. Precisamente.

Que en los rincones más oscuros de tu cabeza no surja la idea de que entre nosotros hay algo más que amistad sólo porque has llegado tú. Los celos pueden doler, y a la que más le va a doler es a ti misma.

Si me apetece abrazarlo, lo haré. Seguiremos quedando para contarnos nuestras historias. Le llamaré cuando algo me ocurra y él me llamará a mí. Haremos planes juntos y juntos celebraremos todas nuestras alegrías. Es lo que siempre hemos hecho, y nada cambia porque hayas llegado tú. Lo único que cambia está en tu cabeza.

Y si por tus ideas paranoicas le haces daño a mi amigo, entonces sí pondré todo el arsenal en marcha para que desaparezcas de su vida. Y llamaré a mis tropas.