Vueltas por el globo

A los que amamos viajar de una forma diferente, alejados de los aburridos y robóticos guías, descubriendo detalles que no vienen en los folletos y sin un horario establecido, proyectos como el que presento hoy nos activan el resorte para volver a hacer la maleta.

‘Vueltas por el globo’ es una iniciativa de Borja y Lucía, una joven pareja residente en Tenerife (Borja insistirá en que diga que él es de Málaga) que de vez en cuando salen de la isla para ir a conocer mundo. Los destinos son completamente dispares: Desde Portugal, Francia, Noruega, Andorra, Cataluña o Andalucía hasta las Islas Canarias que tienen cerquita con tanto por descubrir.

El punto fuerte del proyecto lo componen los vídeos, editados por la propia Lucía: “Cada día voy aprendiendo más de reportajes y montaje de vídeos, intentamos que la gente pase un buen rato con nosotros, les dé ganas de seguir nuestros pasos y vean algo diferente del mundo del viajero. Enseñamos lo que hay de la forma más divertida y familiar posible”.

Pero además de los vídeos, en ‘Vueltas por el globo’ también puedes encontrar artículos con opinión y consejos sobre los viajes e impresionantes fotografías para compartir.

El trabajo de las redes sociales y la web lo hace Borja: “Sobre todo hemos aprendido lo difícil que es describir lo que uno siente. Poco, o nada, importa la calidad de una imagen si no se consigue transmitir esa sensación que consiguió erizar tu piel. Supongo que por ello, y por la cantidad de blogs que hay dedicados al turismo, nos propusimos ser distintos. Ser nosotros.”

Han viajado en moto (de tierra, agua y nieve), quad, coche, avión, barco, tren, trineo… y próximamente autocaravana. Ningún medio de transporte se les resiste, aunque aún queda pendiente un vuelo en globo.

A veces viajan solos y otras veces se llevan compañía, como en la visita a Polonia a la que se apuntó también la familia de Lucía. Aquí podéis ver todos los capítulos que van subiendo de esta experiencia:

La clave está en la naturalidad frente a la cámara, ya que aunque los viajes estén organizados, los vídeos se hacen sin guión.

Os invito a descubrir el mundo de la mano de ‘Vueltas por el globo‘, puede que próximamente yo participe en alguno de sus viajes…

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Viajes en autobús

Me subo al autobús y me siento ocupando el lugar de mi ‘acompañante’ con la mochila. Por alguna razón he despertado la curiosidad de un niño, le calculo unos 6 años. La criatura no me quita los ojos de encima, no tiene ni idea de que ese descaro natural se convertirá en vergüenza y miradas esquivas con el paso de los años.

Escribo a la antigua usanza, boli y papel, en mi agenda morada. Me he dado cuenta de que no escribo más a menudo porque no me enfrento al papel en blanco, y la pantalla del ordenador cada vez me inspira menos. Y eso que, paradojas de la vida, mi trabajo consiste precisamente en inspirarme ante una hoja de Word vacía. A este paso nunca ganaré el Pulitzer.

Dejo la ciudad a ritmo de Cloaka Company y Rapsusklei, pasando la feria sin mucha actividad a estas horas. Antes de llegar al aeropuerto, el niño de la mirada escrutadora se ha cansado de observarme y se ha quedado dormido. Estas curvas a alta velocidad hacen difícil que me quede clavada en el asiento, y no, un autobús con matricula VA-AK no tiene cinturones para pasajeros.

Me gustaría subir en alguno de esos aviones de Villanubla, con rumbo a Londres, Bruselas o Barcelona. Sinceramente, después de un año mi alma me pide altos vuelos, la carretera se me queda pequeña. Este paisaje es otra de las cosas que poco me inspiran. Eternas llanuras con el horizonte visible en los cuatro puntos cardinales, y a lo lejos, molinos eólicos que al mismísimo Don Quijote le causarían desconfianza.

En el asiento de delante se ha sentado la típica adolescente enfadada con el mundo. No es que me lo haya dicho, pero se le nota por la cara de asco que lleva puesta. Estoy por pasarle las canciones de Rayden por Bluetooth a ver si cambia la expresión. Y detrás tengo a una persona indefinida, que me activa la vena violenta cada vez que abre y cierra el cenicero del respaldo.

Llegamos a la primera parada: Medina de Rioseco. A esta altura suena Xenon y Zeidah. Se bajan el niño y su madre, y la adolescente enfadada, que por lo visto es hermana del crío. Ahora que nadie me observa, dormiré un poco…

…                          …                              …                           …                              …

…Despierto cuando el meneo del asfalto roto no me deja dormir más. Sigo viendo el horizonte aunque algo más ondulado que en Tierra de Campos. Atravesamos enormes plantaciones de girasoles de todo tipo: girasoles gigantes, girasoles enanos, girasoles múltiples… esto me recuerda que el año que viene tengo que plantar unos.

La chica que viene detrás me cae mal. Está hablando por teléfono y a pesar de que yo llevo la música a tope (ahora Nach) la escucho. En cuanto se baje le doy un collejón por pesada. A pesar de todo, con un cielo despejado es mucho más agradable hacer este viaje en verano.

Mientras tanto empieza a perderse el horizonte mirando al norte. Ahí está la Montaña Palentina, inconfundible y siempre acogedora. Allá vamos, dejando atrás los 30ºC de la ciudad para dormir tapada con mantas. Sin escuchar las sirenas de las ambulancias o al vecino cuando se levanta por las mañanas. Hogar, dulce hogar.

Cuatro culturas en la cocina de Melilla

Situada en el norte de África, rodeada por Marruecos y el Mar Mediterráneo, la Ciudad Autónoma española de Melilla acoge en sus 12 kilómetros cuadrados cuatro culturas principales.

Melilla es una ciudad española situada en el norte de África. / Google Maps

Hindúes, judíos, cristianos y musulmanes conviven en el pequeño territorio, dejando su influencia en múltiples aspectos de la vida cotidiana. La gastronomía melillense ha adquirido los sabores del mestizaje desarrollando platos para paladares multiculturales. La dieta mediterránea se mezcla con la cocina bereber y el fuerte sabor de las especias.

El pescado y el marisco hacen honor a la situación costera de Melilla, por eso las principales recetas de la Ciudad Autónoma están hechas a base de productos del mar.

Los pescados están presentes en múltiples platos. El pastel de pescado lleva fundamentalmente rape, aguja, gambas y cigalas, aunque se escogerán los ingredientes a gusto del consumidor. La variedad en la mesa la representa la fritura de pescado, con diversos tipos de productos del mar como boquerones, salmonetes y pescadillas pequeños, chopitos, calamares, y chanquetes, que son boquerones, sardinas, etc., aún inmaduros. C

abe destacar que la pesca de chanquetes está prohibida por la ley en la península, pero no en Marruecos, por lo que en Melilla se ha convertido en un manjar que incluso se sirve en tapas y raciones.

Fritura de pescado. / Sara Ibáñez

Antiguamente Melilla era conocida como Rusadir, y este nombre permanece en muchos negocios, lugares y denominaciones de la Ciudad Autónoma. Por ello, la cazuela de rape a la Rusadir es el plato más típico de la tierra. Con el pescado también se pueden hacer buenos guisos y cocidos. El choco con garbanzos es un plato nutritivo y consistente que nada tiene que envidiar al tradicional cocido madrileño.

Es costumbre española el tapeo, que consiste en acompañar una bebida con una pequeña ración de comida. Las tapas en Melilla son especialmente generosas y elaboradas con recetas de gran calidad. Pueden ser de pollo, paella, pescado frito, langostinos, e incluso callos, entre una infinidad de opciones.

La gastronomía árabe se caracteriza por utilizar ingredientes llamados halal, que son aquellos permitidos por el Corán, como carne de cordero o de vaca. En ningún caso se puede consumir productos derivados del cerdo. Encontramos en este ámbito el cus-cus, los fideos al Corinto, o los pinchos morunos. Esta receta de carne se suele hacer como una barbacoa al aire libre, y en Melilla se denomina pinchitada. Si se hace en la playa, recibe el nombre de moraga.

Un plato consistente bereber, consumido sobre todo en Ramadán, es la harira, un caldo cargado de nutrientes que los musulmanes utilizan para reponer fuerzas durante las horas en las que rompen el ayuno.

El tajine se usa para cocinar guisos. / Sara Ibáñez

Para elaborar muchos de sus guisos, los árabes utilizan una especie de olla cónica de barro, llamada tajine, en la que introducen los ingredientes y la ponen al fuego. Con este sistema se pueden elaborar recetas diversas, con carne, pollo, verduras, patatas, cuscus…

Té con hierbabuena. / Sara Ibáñez

Existe gran riqueza también en los dulces, como la chebakia (típico del Ramadán), los jeringos y los pañuelos o crepes marroquís. Para acompañar el menú, o en cualquier momento del día, un té con hierbabuena bien caliente imprime el sabor árabe.

Unas empanadillas triangulares llamadas samosas son la representación de la gastronomía hindú en Melilla. Las verduras son un ingrediente importante en las recetas traídas de la India, así como la salsa Raita de frutas o pepino.

De origen hebreo son el pescado cocho, la carne encebollada o la tortilla de colores, que toma su nombre del contraste de tonalidad entre el amarillo de la tortilla, en naranja de la zanahoria y el verde de los guisantes.

Sea de la cultura, religión o procedencia que sea, lo que es seguro es que el visitante se irá de Melilla con un buen sabor de boca.

Dedicado a JuanPa, en agradecimiento por acogerme en esos días.

Para Nuria y Alberto, que les sirva como guía gastronómica ‘a la Rusadir’.

Pongamos que hablo de Madrid

De Madrid ya no hay mucho que decir. El Prado, la Castellana, el Palacio Real, el zoo, el parque de atracciones… ya casi todo está muy visto. Aunque admito que me queda pendiente la Warner. Así que hoy no os voy a hacer ninguna ruta turística por la capital española, muchos la conocéis ya de sobra.

En la excursión de ayer, el tiempo nos acompañó, y nos permitió dar un pequeño paseo en barca por el Retiro, gracias a la insistencia de mis amigos, que pusieron en peligro mi vida sabiendo que si me caigo al agua, me ahogo. Ay, Enrique, si la llegas a volcar, te veo lanzándote al rescate! jajaja.

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Un día en una ciudad en la que, sin pisar tierra, se te manchan las botas como si hubieras caminado por el desierto, respiras hollín, y la vida se desarrolla bajo el suelo entre el ir y venir del metro. Una ciudad en la que puedes comer en un restaurante italiano, pasear por la calle Alcalá, callejear por Huertas, hacer un rodeo nocturno al Palacio Real, y hasta aprender sueco.

Pongamos que hablo de Madrid

Conmigo, de vuelta a Valladolid, además de Nuria, ha venido ésta, procedente de DisneyWorld (Orlando). ¡Gracias Adrián!

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Por la mañana prontito, cuando salía de casa en dirección a la estación, me colgué mi MP3 de las orejas, y por arte de la pura casualidad, entre 1GB de orden aleatorio de canciones, me salió ésta de Sabina:

“Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.
Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.
Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.
Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.
Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid.”

Donde Zorrilla posó la pluma

Estamos en la ciudad que vio nacer al poeta romántico José Zorrilla, ciudad cuya avenida principal se llama Paseo Zorrilla, que empieza (o acaba, según por donde vayas) en la Plaza Zorrilla, y donde el estadio de fútbol se llama José Zorrilla. Estamos en Valladolid, y el viernes nos fuimos a visitar la casa del personaje más ilustre de la capital castellana.

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Rehabilitada como museo desde el 2006, la Casa de Zorrilla, ubicada en la calle de Fray Luis de Granada, está rodeada de unos hermosos jardines con paseos empedrados y abundante vegetación.

El 21 de febrero de 1817, a los 7 meses de gestación, nacía José Zorrilla al mismo tiempo que un pájaro de vistosas plumas se posaba en la única casa que había en la entonces llamada Calle Ceniza. O al menos eso es lo que dice la leyenda, que explicaría la pasión del escritor por las aves exóticas. Poseía en su vivienda dos llamativas pajareras.

La pajarera más grande se encuentra en el distribuidor de la casa, que es la primera estancia que se visita. Dentro de una urna de cristal se pueden ver una gran variedad de pájaros disecados, todos ellos procedentes de Sudamérica. Y la otra pajarera está en la sala de música, la vitrina es más pequeña, y los animales proceden todos de la región castellana.

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Y no era la pluma de los pájaros la única que le gustaba a Zorrilla. Su pasión, como bien es sabido por todos, era escribir, y tuvo la fortuna de que su obra fuera reconocida en vida, premiada con numerosos e importantes galardones.
Aunque viajó mucho por todo el mundo y estableció su residencia en Madrid, siempre que podía regresaba a su casa familiar de Valladolid, donde había crecido en un ambiente acomodado. Prueba de ello son los elementos de lujo que adornan las diferentes estancias, sobre todo el estilo rococó con el que está decorada la sala de música.

A pesar de toda esa ostentación, como era común en la época, la residencia no tenía cuarto de baño. En el siglo XIX se apañaban con orinales y jarras de agua. Cuando José Zorrilla era Josito y se portaba mal, sus padres le encerraban en el cuarto oscuro, que como su nombre dice, era una estancia minúscula sin ningún tipo de iluminación.

El elemento más importante que acompañaba a Zorrilla allá donde iba, era ni más ni menos que su escritorio. No es que fuera plegable, se trataba de un mueble grande de madera, sobre el que el poeta escribió todas sus obras.

escritorio

Sentado ante esta pieza que forma parte del museo, José Zorrilla escribió, entre otros, su conocidísimo ‘Don Juan Tenorio’.
En la casa se pueden ver muchos elementos de su vida, pero también de su muerte, como la máscara mortuoria, de yeso, que sirvió para posteriores esculturas del escritor.

máscara mortuoria

Zorrilla tuvo prisa por nacer, y con ese dinamismo escribió sus 33 obras. El ‘Don Juan’, por ejemplo, lo creó en 21 días. Pero no tuvo ninguna prisa en morir, ya que lo hizo a la edad de 76 años, en 1893. De los más ancianos de la época, en la que la esperanza de vida no llegaba a los 60.

Si queréis comprobar en primera persona cómo vivía Zorrilla, las visitas a la casa museo son guiadas y gratuitas de 10 a 14 horas y de 17 a 20 de martes a sábado, y los domingos de 10 a 14.

Náufrago en el Peñón

La semana pasada no aparecí por estos mundos, así que para recompensaros os llevo de viaje a Gibraltar.gibraltar

Para los que vivís lejos y no estáis puestos en geografía, os diré que es una ciudad que se encuentra junto a la población gaditana de La Línea de la Concepción y frente a la costa de Algeciras (en el sur de la Península Ibérica). El territorio comprende el Peñón de Gibraltar, un montículo rocoso que era en la antigüedad el Mons Calpe, una de las míticas columnas de Hércules.

En el interior del Peñón se puede visitar la cueva de St. Michael, una formación natural que se utilizaba durante la guerra como hospital. Además, la cueva cuenta con un auditorio con una capacidad para 100 personas que, gracias a su acústica, se utiliza como sala de conciertos de música clásica.stmichaels

La ciudad de Gibraltar alberga 29.000 habitantes en una superficie de menos de 7 kilómetros cuadrados. A los gibraltareños se les conoce comúnmente como llanitos, y hablan un idioma que es una mezcla entre el español andaluz y el inglés. Sí, a pesar de que está en la Península Ibérica, en Gibraltar se habla inglés, porque, aunque muchos no estén de acuerdo, Gibraltar es británico.

En su día fue español, ya que desde la segunda mitad del siglo XV perteneció a la Corona de Castilla. Pero durante la Guerra de Sucesión Española, el territorio del Peñón fue ocupado por las tropas angloholandesas que apoyaban a Carlos III, y cuando finalizó el conflicto, la soberanía de Gibraltar fue cedida a la Corona Británica por el Tratado de Utrecht en 1713.

Desde entonces, Gibraltar ha sido el punto débil de las relaciones entre España y Gran Bretaña. En el 2001 ambos países anunciaron un acuerdo preliminar con una propuesta de cosoberanía, pero cuando se convocó el referéndum en el 2002, los gibraltareños lo rechazaron rotundamente.Y no me extraña que lo hicieran, ya que gracias a que pertenecen a Gran Bretaña, viven en uno de los países y territorios con mejor calidad de vida y niveles de seguridad del mundo. Gibraltar es un puerto franco, por lo que no tienen impuestos y gozan de desgravaciones en el juego e importantes ventajas fiscales para las empresas. Así, se trata del territorio británico más próspero y estable. Con estas condiciones, ¿quién quiere ser español?

Como elemento típico de Gibraltar, además de los cañones repartidos por toda la ciudad, está la omnipresencia de los monos de Gibraltar. Son originarios del norte de África, y en los primeros tiempos del dominio británico, fueron importados como animales de compañía. Hay una leyenda que dice que los monos llegaron a la Península a través de un túnel subterráneo que cruza el Estrecho de Gibraltar.69152802_9Wz4EELQ_MonodeGibraltarVI

Con el paso del tiempo, estos monos sin cola hicieron del Peñón su hábitat, siendo los únicos en Europa que vagan libremente por el entorno, mezclándose con los habitantes y los turistas. Se recomienda que no se les dé comida, ya que se toman tantas confianzas que incluso te pueden atacar.

Otra leyenda sobre los monos dice que el día que desaparezcan, los británicos también desaparecerán de Gibraltar.

Para terminar con un poco de ritmo, os dejo con el vídeo del grupo de música gibraltareño Melón Diesel, titulado ‘Náufrago en el Peñón’.

Historia de aquel extraño Carnaval

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Hoy voy a rescatar del archivo una historia de homenaje a estas fiestas que presenté en un concurso literario en primero de bachillerato, y con el que llegué al podio. Las bases eran simples: el relato tenía que estar ambientado en Aguilar de Campoo, la localidad donde estaba el instituto, y debía transcurrir en Carnaval. Ahí vamos.

Era viernes y ese fin de semana iba a ser largo. ¡Por fin llegaba el puente de Carnaval! Esa tarde nos íbamos a reunir en el local de Óscar para preparar la fiesta del sábado y terminar los detalles de los trajes. Nos disfrazaríamos de distintos animales y nos íbamos a presentar al concurso. El pasado año ganamos el segundo premio, el primero se lo llevó la pandilla de mi hermano.

Cuando terminé de comer y recoger la mesa, salí hacia el local. Me dirigía hacia allí cuando me encontré con mi hermano Dani y su amigo Javi. Intentaron que les confesara de qué nos íbamos a disfrazar, pero por supuesto, no lo hice. Javi me gustaba desde hacía tiempo, pero él no me hacía caso y siempre estaba tonteando con chicas de su edad. Yo también había estado con otros chicos, pero en realidad el que me gustaba era él. Mi hermano lo sabía y sé que se alegraría si hubiera algo entre nosotros. Me despedí de ellos, y cuando llegué al local, ya estaban allí todos menos Chus, que tenía que currar, Sergio y María. Nos imaginamos que estos últimos llegarían más tarde juntos, así que empezamos sin ellos. A mí sólo me quedaba pintar la careta, y cuando terminé, me dispuse a ayudar a los demás. Entonces llegó Sergio. -¿Dónde está María?– le pregunté. -No lo sé. Yo vengo de casa de mi abuela, creía que estaba aquí con vosotros– contestó. –Sí claro, seguro que no queréis llegar juntos para que no pensemos que os habéis enrollado -dijo Elena. Sergio sonrió.

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Estamos en fiestas de Carnaval y he quedado en el local de Óscar para terminar los disfraces con el resto de la pandilla. Voy hacia allí y me encuentro con Sergio. Él va detrás de mí y yo le sigo la corriente para que se haga ilusiones, pero a la mínima que se descuide me lío con otro y así puede que espabile de una vez y se dé cuenta de que a una tía como yo no se la lleva un ingenuo como él. ¡Anda que no es grande Aguilar y encima me tengo que encontrar con éste! -¿Adónde vas, guapa? -me dice. –Supongo que al mismo sitio que tú, cariño. –le contesto insinuándome. –Pero antes voy a tomar algo al bar de Chus. ¿Quieres venir? Lo que Sergio no sabe es que anoche me lié con Chus y había quedado a esta hora en pasar por su bar. Cuando me vea con él se le van a quitar las ganas de perseguirme. Entramos en el bar, y cuando miro a Sergio pienso que harían falta cientos de cubos para recoger la baba que se le cae al pensar que le voy a dar algo de mí. Nos sentamos en una mesa y hablamos un rato. De repente nos quedamos callados, él se acerca y me besa. Dentro de mí se mezclan una multitud de sensaciones. Retiro mis labios de los suyos y al girarme me encuentro con la furiosa mirada de Chus, pero sus ojos no me miran a mí, sino que están clavados en Sergio, que recibe un puñetazo. No sé por qué, pero ahora ya no me importa Chus. Me lío con él una noche, y ya da por supuesto que soy suya. Salgo en defensa de Sergio, y Chus no se lo toma precisamente bien, pero la gente del bar ya ha puesto toda su atención en la pelea, así que vuelve a la barra y actúa como si no hubiera ocurrido nada. Nos quedamos Sergio y yo solos. Él está asustado, se disculpa y se va al local. Yo me quedo terminando la copa.

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Anoche me enrollé con María, una chica impresionante a la que casi todos los tíos de Aguilar deseaban. Yo estaba en una nube y no quería bajar de ella. Pero cuando salí al bar a la hora que habíamos quedado y me la encontré morreándose con Sergio, me sentí fatal, y a mí nadie me toma por lo que no soy. Sólo tenía ganas de acabar con él, se suponía que era mi amigo. Le di un puñetazo, pero no me quedé a gusto. Como llamábamos la atención de la clientela, me quedé con las ganas y me puse a trabajar. Sergio se marchó y María se quedó pensativa en la mesa. Lo que más me había jodido de todo esto era que ella había salido a favor de Sergio. No me lo esperaba de una tía como ella. Cuando la gente se fue del bar y cerré, nos quedamos hablando. No me creía lo que me estaba contando. ¡Se había enamorado de Sergio! Eso pudo con mi paciencia. Comencé a gritarle lo mal que me sentía. Ella me dijo que era un pringado, y no había sido para ella nada más que un rollo de una noche. Ya no aguanté más.

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Cuando Chus cierra el bar, nos quedamos intentando aclarar lo ocurrido. Pero a medida que hablamos, me doy cuenta de que siento algo más que pena hacia Sergio. Lo de anoche con Chus estuvo bien, pero no fue nada importante, como me suele pasar con muchos otros. Pero esta vez con Sergio era diferente. Me había besado por sorpresa y los sentimientos se entremezclaban dentro de mí. ¿Para qué engañar a Chus? Decido contarle todo lo que siento, pero su reacción no es la que me esperaba. Se pone furioso y empieza a gritarme. No soporto que me voceen, así que lo insulto y le suelto la cruda realidad, que le sienta como una patada. Entonces se da la vuelta y coge un cuchillo de la mesa. Se dirige hacia mí con expresión desencajada. Yo me quedo paralizada y mi vida pasa ante mí en sólo dos segundos. Siento un agudo dolor en el costado y luego en el pecho. Todo se acabó.

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¿Qué había hecho? Estaba asustado, me había dejado llevar por los nervios del momento y ella ya estaba muerta. ¡Dios, había matado a María! No podía pensar, todo se me había ido de las manos. Cuando me di cuenta de la situación, mi mente empezó a maquinar miles de cosas. Nadie podía enterarse de esto, mi vida se echaría a perder. Pero esta era la ocasión de vengarme de Sergio, puesto que estaba claro que de ella ya me había vengado. Recogí el cadáver y borré todas las huellas. Escondí el cuchillo en el trastero y metí el cuerpo en una bolsa que deposité en el contenedor que había en la esquina. Luego llamé a la policía y declaré que había encontrado el cadáver de María cuando iba a tirar la basura. Expliqué que Sergio estaba enfadado con ella por su aventura de la noche anterior, y yo les había visto juntos por última vez. De esta manera, la policía tendría a Sergio como el presunto asesino. Al fin Sergio tendría su merecido y a mí nunca me descubrirían. De la noche a la mañana me había convertido en un asesino y estaba haciendo planes como si fuera algo habitual en mi vida. Era terrible, pero había que salir de la situación. Sólo tenía dieciséis años y no podía echarlo todo por la borda. Probablemente para esa misma noche ya habrían pillado a Sergio y yo podría respirar tranquilo.

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El sábado por la noche todos estábamos muy emocionados. Habíamos quedado a las nueve en el local de Óscar para disfrazarnos y salir de marcha. A las diez, el jurado estaría en la plaza tomando nota de nuestros disfraces, y queríamos estar preparados para ganar. Ya había llegado todo el mundo menos María y Sergio. ¡Otra vez! –pensé. Al cabo de unos cinco minutos llegó Sergio. -¿No ha venido María? –preguntó. –He ido a buscarla y me han dicho que esta noche no había ido a casa, y que no sabían dónde estaba. Pensé que vendría aquí-. El caso es que nadie la había visto desde ayer a la salida del instituto. Pronto nos olvidamos del tema y salimos hacia la plaza. Cuando llegamos, María todavía no había aparecido. Conociéndola, nos habría dado plantón y estaría por ahí dándose el lote con cualquiera. Al fin apareció el jurado. Allí estaban los de la pandilla de mi hermano disfrazados de drácula. Luego fuimos al Láser. El domingo por la tarde darían los premios. De repente sonó mi móvil. Era la madre de María, estaba preocupada y quería saber si su hija estaba con nosotros. El viernes había salido de casa hacia el local de Óscar y no la había vuelto a ver. Le dije que yo tampoco la había visto y me despedí. Comenté a toda la pandilla la llamada de la madre de María, y todos coincidían en que no la habían visto. Pero Sergio estaba muy raro.

Seguimos bailando y al de una hora vino la policía, que se llevaba a Sergio a la comisaría. Les preguntamos qué ocurría, y nos dijeron que habían denunciado el asesinato de María y Sergio era el principal sospechoso. Nos quedamos petrificados, y fuimos todos con Sergio para aclarar el asunto. Él estaba asustado y no podía decir ni palabra. ¿María muerta? ¿Y Sergio la había matado? Era increíble, pero no imposible. Al fin y al cabo, Sergio estaba muy raro desde el viernes por la tarde, justo cuando a María se la vio por última vez. La verdad es que todo encajaba, a pesar de que nadie se lo podía creer. Llegaron los padres de María e intentaron linchar a Sergio. Estaban desesperados, y supuestamente ese era el asesino de su hija. Pero un policía se llevó a Sergio. Nosotros nos fuimos, teníamos que hacer algo para sacarlo de allí. Chus nos dijo que todo encajaba: el viernes por la tarde, María y Sergio habían estado en su bar, y se habían besado. Pero Sergio se enteró de que ella se había liado la noche anterior con Chus, y se había marchado bruscamente. María había salido detrás de él. Según Chus, ahí es donde la podía haber matado. Esa era la versión de Chus, pero… ¿por qué no nos lo había contado antes? A Sergio le dejaron salir pronto. No se podía creer lo que estaba pasando. Me miró con cara de preocupación y me dijo que teníamos que hablar. Me dispuse a escucharle pero Dani me interrumpió. –Javi me ha dicho que estás muy guapa de tigresa. –Déjame en paz, sabes que no hay nada que hacer –le solté. –Bueno, luego no digas que no te avisé –y diciendo esto, se fue. Ignoré su comentario y di por hecho que me estaba tomando el pelo. Tenía cosas más importantes en las que pensar. Sergio y yo nos fuimos a dar una vuelta mientras hablábamos. Cuando caminábamos, pasamos delante de Javi y unos amigos. Les saludamos y seguimos nuestro camino. Javi no dejaba de mirarnos. Bueno, puede que mi hermano tuviera razón y hubiera posibilidades.

Sergio me contó que él sí había visto a María. La había besado en el bar de Chus, y éste se había enfurecido. Sergio la dejó en el bar y ya no la había visto más. El que le había denunciado era Chus. Eso que Sergio me estaba contando ponía a Chus en el punto de mira. ¡Él había matado a María! Nos volvimos a reunir con la pandilla y empecé a pensar. Puede que en el bar hubiera alguna pista sobre María, pero no podía ir sola. ¿Quién me podía acompañar? Nadie de la pandilla, mejor alguien mayor, por lo que pudiera pasar. Dani no, si me equivocaba me dejaría en ridículo. Javi… sí, Javi. Fui a buscarle y le conté toda la historia. No dudó un momento en acompañarme. Entramos en el bar por una ventana rota, mi corazón estaba a mil, y podía oír cómo latía el suyo también. Recorrimos el bar entero, pero no encontrábamos nada. Al final, en el trastero descubrimos un paño empapado de sangre que envolvía un cuchillo. Era la prueba que demostraba que Chus era el asesino. Llamamos a la policía, y el resto de la noche nos la pasamos en la comisaría contando lo sucedido. Se pudo probar que Chus era el asesino, y así Sergio quedaba libre de toda culpa. ¡Dios mío, cómo había cambiado todo en un solo día! Dani fue a buscarnos a Javi y a mí, y nos fuimos a desayunar a un bar. Mi hermano se quedó alucinado con lo que le contamos. Nos quedamos toda la mañana en el bar, y luego él se fue a comer a casa, con lo que Javi y yo nos quedamos solos hablando de lo que había ocurrido. Por la tarde fuimos a la entrega de premios y allí nos reunimos todos de nuevo. El ambiente era triste, María estaba muerta, Sergio destrozado y Chus detenido. Empezaban a dar los premios. El primero le volvió a conseguir el grupo de mi hermano, y el segundo, nosotros. Entonces, Javi vino hacia mí y nos fundimos en un largo beso, dejando atrás aquel extraño Carnaval que, sin duda, sería inolvidable.

Ahora ya ha pasado un año de todo eso, y ninguno de nosotros ha vuelto a ser el mismo. Sergio se lía cada día con una, no admite la muerte de María, que era su verdadero amor, según él. Chus está en un correccional de menores, y dentro de un año lo juzgarán por asesinato, y lo más seguro es que le caigan unos cuantos años. Dani aprobó por fin la selectividad y le dio la nota para hacer una carrera en León. Todavía sigue empeñado en que Javi y yo estamos hechos el uno para el otro. Nosotros estuvimos saliendo durante dos meses, pero no salió como esperábamos. Ahora es mi mejor amigo, y prácticamente cada vez que nos vemos, nos enrollamos, sin ningún tipo de compromiso. ¿No es eso mejor que mantener una relación seria en la que predominan los celos? Sí, nuestras vidas han cambiado en un año, pero estoy segura de que nadie olvidará la historia de aquel extraño Carnaval.

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Imágenes: Monasterio de Santa María La Real, actualmente Instituto público de Educación Secundaria y Bachillerato.