Mi MaMá Me Mima

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¿Cuántos van a aprovechar el día de hoy para decir algo distinto al resto?

Si tienes la madre más fea del mundo, una madre vaga, descuidada, que se drogaba o emborrachaba mientras te dejaba solo, una madre que jamás te enseñó nada, que siempre tiene otras prioridades, que nunca te dio cariño, no pasó noches en vela cuando estabas enfermo, no te defendió cuando más lo necesitabas, no curó tus heridas ni te aportó esos valores básicos para afrontar la vida.

Si tuviste una madre así, feliz día de la madre para ti, por sobrevivir a pesar de todo y aguantar al resto del mundo vomitando arco iris.

Además, no os equivoquéis, vuestra madre no es la mejor. La mejor es la mía. La más guapa, la más trabajadora, la más limpia y organizada, la que es capaz de dejarlo todo para estar a mi lado. Me enseñó las letras, ‘Mi MaMá Me MiMa’, me dio todo el cariño, lloró conmigo cuando nuestro mundo se vino abajo, me defendió ante los ataques de lobos salvajes, curó todos mis dolores y marcó mi camino para que pudiera recorrerlo sin tropezarme.

1 kg de ayuda y 2 toneladas de indiferencia

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Ayer hablaba sobre algunos aspectos del terremoto en Nepal, hoy voy a cuestionar otro aspecto que rodea a esta tragedia. Ante este y otros desastres naturales similares, la primera reacción del ‘Primer Mundo’ es enviar toneladas de ayuda humanitaria para cubrir las necesidades básicas de los supervivientes y que puedan rehacer sus vidas cuanto antes. Está por ver que esa ayuda llegue realmente a sus destinatarios y que realmente sirva de algo, pero algunos le ponen toda la buena intención.

Nos echamos las manos a la cabeza por la desgracia sufrida a miles de kilómetros (no siempre es cierto que los medios no hablen de ello, tened en cuenta que el 90% de las ocasiones os enteráis a través de ellos) y las campañas de las ONGs para recaudar ayuda de los ciudadanos apelan a nuestro corazoncito.

Entonces, con la frecuencia media de una vez al año / una vez en la vida, nos sentimos buenas personas porque hemos aportado nuestro granito de arena para que los pobres desgraciados de Nepal (o de donde sean) tengan mantas para abrigarse por las noches. Y lo más importante, nos encargamos de que todos los que nos rodean online y offline se enteren de la hazaña y nos suban a un altar con palmaditas en la espalda o a golpe de RTs y ‘Me gustas’. Porque dime tú, ¿qué sentido tiene ayudar a alguien si nadie sabe que lo haces?

Solidaridad… ese concepto tan relativo que pocas veces sacamos a relucir con las personas que tenemos cerca. Nos entran más por los ojos las necesidades promocionadas por los medios que nos muestran a niños muriendo de hambre y mil enfermedades que esa familia que cada día rebusca en los contenedores de nuestro barrio y solicita unas monedas o comida a la puerta del supermercado. Será porque los pobres del primer mundo no son tan pobres.

La ayuda requiere un compromiso pero, ¿qué digo? Si no somos capaces de comprometernos ni con nuestra madre, ¿cómo vamos a ofrecer semejante valor a alguien que no conocemos de nada y encima no nos va a dejar herencia? Pues por muy mitológico que parezca, hay personas que se implican en hacer que la gente que en su propio barrio necesita ayuda pueda vivir un poco mejor. No tienen dinero para enviar comida o mantas al otro lado del mundo, pero sacan horas de debajo del despertador para ofrecer su tiempo, su esfuerzo y sus propias manos a los demás.

La finalidad de esto debería ser ayudar, no aparentar ser buenas personas. Pero de todas formas, tanto si queréis ayudar como si queréis ser buenas personas, no hace falta que os quedéis pasmados mirando la TV a ver qué anuncio os da más lástima. Acudid a las plataformas y ONGs de vuestra ciudad, pedid información y decidid qué podéis aportar y dónde encajáis mejor. Hagáis lo que hagáis, no os preocupéis tanto por lo guapos que salís en los selfies mientras estáis ayudando, presumidos de mierda.

Vida de patera

He leído por ahí algunas declaraciones de los españoles que han sido evacuados por el terremoto de Nepal en las que afirman que les han tratado “como a perros“. Que les han dejado en un segundo plano, y que se daba prioridad a los indios y a los chinos. Sinceramente, no sé por qué se extrañan de algo así. Es posible que ellos en concreto sean buenas personas, que siempre han ayudado a todo el mundo independientemente de la raza o lugar de procedencia, pero es que hay veces que el karma no entiende de individuos, sino de sociedades. Y en el saco de estas sociedades mete a todo bicho viviente que pertenezca a ellas.

En nuestra sociedad (occidente, Europa, más concretamente España), no nos hemos ganado las simpatías del karma ni de lejos. Voy a generalizar, así que ahorraos los comentarios tipo: yo soy muy bueno y mi mamá les da limosnas a los pobres. Vivimos cómodamente mirando por encima del hombro al diferente, nosotros somos mejores por el simple hecho haber nacido aquí y el que venga de fuera no puede tener los mismos derechos y los catalogamos como personas (y gracias) inferiores. En fin, una puta vergüenza que vivimos a diario con la caza del inmigrante que puede que se haya jugado la vida para aterrizar en nuestra mierda de país y acabar metido en una especie de prisión y luego de vuelta a su casa de una patada en el culo.

Total, que cuando leo estas palabras de los españoles que se habían ido de excursión al exótico Nepal y tuvieron la desgracia de sufrir el terremoto pero la fortuna de sobrevivir a él, me planteo cosas y me hierve la sangre.

Lo primero es: ¿cómo se hubiera comportado nuestra sociedad en el caso contrario? Como es una simple hipótesis puede que esté equivocada, pero mi razón me dice que si la piel de toro hubiera temblado hasta esos extremos, primero hubiera primado la ley del ‘sálvese quien pueda’ y después ayudamos a los vecinos. Si había nepalíes por la zona haciendo turismo, que se jodan y se hubieran quedado en su casa. Y entonces ellos habrían vuelto a sus países lamentándose del trato recibido. El problema es que como nosotros somos europeos, nuestra voz pesa más que la de cualquier asiático, ¡¿dónde va a parar?!

Otra cosa que tengo clara es que los españoles no sabemos viajar. No se nos puede dejar salir de casa, porque en la maleta metemos todo nuestro egocentrismo y ganas de imponer nuestras normas y esperamos encontrarnos puro servilismo en el lugar de destino. Abusamos de la amabilidad de otras sociedades y damos por hecho que nuestras formas y leyes son las correctas, por lo que tratamos de darles vigencia allá donde vamos. Este afán conquistador nos viene de lejos, ya sabéis. Pocas hostias hemos recibido con esta actitud.

Estos españoles eran excursionistas, pero hay muchos que se van a otros países a buscarse la vida porque en su casa no encuentran trabajo y se encuentran con el mismo desprecio. Pocas hostias para lo que hemos ido sembrando durante siglos.

Os dejo con un poco de música, que seguro que se os queda mejor el mensaje:

Un lugar donde…

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Un lugar donde los sueños no tienen límites, en el que escuchar violines, gritar sin voz y dejar un alma volar libre. Un rincón de paz donde no es necesario cerrar los ojos para imaginar, donde las mejores melodías las proporciona el silencio y el amanecer es eterno. Donde el frío sólo se ve y lo único que se siente es el sol calentando cada latido del corazón. Un lugar donde la soledad no tiene peso y los reflejos no devuelven el dolor. Allí donde no se acaba nada, allí donde se empieza todo.

Locas del coño

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Me gusta mucho esta expresión, con permiso de las feminazis. Hace alusión a todos esos desajustes mentales (a veces erróneamente vinculados a desajustes hormonales) que sufren algunas personas como movidas por una ráfaga de aire repentina. Freud hubiera estado muy orgulloso de este concepto evolucionado de la histeria, y es que quizá, después de todo, fue un visionario. El problema no sólo afecta a las mujeres. Los hombres también tienen esos arranques sin sentido que te hacen plantearte si han sufrido un cortocircuito neuronal, pero a los portadores de esos desajustes tanto femeninos como masculinos les vamos a denominar así: locas del coño.

¿Que alguien actúa de forma completamente absurda arrasando todo lo que pilla por el camino? Loca del coño. ¿Que le da un yuyu y donde dije digo digo Diego? Loca del coño. ¿Que hoy está feliz de la vida y en un minuto desata toda la ira del planeta? Loca del coño bipolar.

Hay que tener cuidado, pues las locas del coño no sólo son peligrosas para la integridad física y mental de todo bicho viviente que las rodea, sino que además son contagiosas. Donde detectes a una loca del coño probablemente habrá otra a menos de 100 metros de distancia y pueden tener de 0 a 200 años de edad. La vía de contagio es principalmente la convivencia, aunque parece que los contactos sexuales con ellas te hacen inmunes al contagio aunque no sales ileso de ello. Es decir, si te follas a una loca del coño no tienes por qué convertirte en una loca del coño más, pero acabarás sin energía y sin ganas de vivir tras una serie de experiencias tortuosas. Placenteras también, porque no olvidemos que las locas del coño follan como diosas (o dioses).

Las consecuencias de sufrir a una loca del coño pueden ser devastadoras para las víctimas. Nuestro sujeto de análisis posee una capacidad nula de empatía y son altamente egoístas, por lo que pueden darte mil patadas y prenderte fuego sin siquiera pestañear. No les importa nada más que su satisfacción inmediata sin atender a los daños colaterales. Así que, no temas, lo peor que te puede ocurrir no es que una loca del coño te contagie, sino que te la chupe (la energía).

Por suerte, ante la epidemia social que suponen estos seres, ya se han elaborado manuales para sobrevivir a una loca del coño. Así que ánimo, no desesperes, porque está comprobado que él o ella, sea quien sea, puede ser neutralizado con eficacia.

Y ‘the show must go on’.

5 razones por las que no podría ser cantante

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No sé por qué extraña razón la gente me pregunta a menudo si yo canto. El hecho de trabajar con gente que sí lo hace no significa que yo adquiera esa habilidad por ciencia infusa, pero bueno, que cada uno a lo suyo. El caso es que hay varias razones por las que yo no podría ser cantante.

La primera (y más importante) es porque no sé cantar. Ya sé que hay gente que a pesar de ello se empeña en jugar a los karaokes, pero ahí se establece esa delgada línea entre el cacareo y el ridículo más chirriante. Yo no tengo voz ni talento para hacerlo.

La segunda es porque no soporto a la gente en general y a los fans en particular. No dispongo de ese mínimo de paciencia que han de tener los artistas para aguantar esas lamidas de culo y chupadas de polla tan superficiales.

Como tercera razón expongo mi aversión enfermiza a las faltas de ortografía (lo que no significa que yo no cometa alguna). Si a alguien se le ocurre subir una canción mía con la letra llena de errores, arde Troya. Por no hablar de las aberraciones que hay que leer en las redes sociales, lo que me empujaría a borrar todos mis perfiles o, en su defecto, ser la más odiada del lugar por mis respuestas agresivas en lugar de agradecimientos.

La cuarta es que no me gusta hablar en público. Sí, sí, hay periodistas a los que no nos gusta eso. Lo pasaría fatal antes de cualquier concierto, presentación o entrevista y mis nervios me matarían.

La quinta y última es que no sé escribir canciones. No sé cuadrar estructuras, buscar rimas ingeniosas, ni crear una melodía. Y para que me escriba las canciones otro (como ocurre con las ‘grandes estrellas’), pues me quedo dedicándome a lo mío, que al menos lo hago yo.

Por esto y por muchas características más valoro tanto el trabajo de los artistas, su talento, su esfuerzo y su santa paciencia. Porque no, cualquiera no vale para ser cantante.

El valor de tu tiempo

tiempo oro

Está muy bien que proclames a los cuatro vientos que tu tiempo es oro, pero no actúes como si el de los demás fuera cobre. El tiempo es oro para todos hasta que se encuentre la fuente de la inmortalidad, así que respétalo.