Tocó con las manos su sueño inalcanzable

Comienzas a caminar mirando el horizonte, plenamente consciente de la inmensa curvatura de la Tierra, con energía suficiente como para seguir en marcha durante años, sin descanso. Inevitablemente te toparás con el mar en el camino, y este obstáculo no podrás salvarlo a nado. No pasa nada, siempre puedes pedir ayuda y un buen barco que te haga navegar de puerto en puerto viviendo las mejores (y también las peores) experiencias que te aporta el destino.

Habrá fuerzas que te empujen, otras que te frenen, voluntades por las cuales impedirás que accione mi gatillo, cuerdas que te mantengan pendiente de un abismo inmenso. Como nunca fue suficiente que contaras hasta 10, una vez pones el pie en tierra firme basta con que avances 20 pasos y sabrás que has encontrado tu sitio.

Todas esas horas invertidas en fabricar mil grullas de papel te han servido para algo más que para verlas volar en direcciones desconocidas. Casi echas raíces tan profundas como ese bosque en el que te encuentras, donde los árboles mueren de pie y los pájaros siempre encuentran un motivo por el que cantar. Olvídate de tus putos prejuicios y echa a volar como ellos, sabes que sólo es cuestión de principios y de tu capacidad para soñar.

Se acabó, ya nadie jugará con tu ilusión como si fuera una muñequita de trapo, estás tocando con tus manos ese sueño inalcanzable que alguien describió en el libro de quién. Esto sólo ha sido el principio, que te vaya bien de ahora en adelante y quede siempre en el recuerdo mi verano azul, nuestro verano.

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