5 razones por las que no podría ser cantante

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No sé por qué extraña razón la gente me pregunta a menudo si yo canto. El hecho de trabajar con gente que sí lo hace no significa que yo adquiera esa habilidad por ciencia infusa, pero bueno, que cada uno a lo suyo. El caso es que hay varias razones por las que yo no podría ser cantante.

La primera (y más importante) es porque no sé cantar. Ya sé que hay gente que a pesar de ello se empeña en jugar a los karaokes, pero ahí se establece esa delgada línea entre el cacareo y el ridículo más chirriante. Yo no tengo voz ni talento para hacerlo.

La segunda es porque no soporto a la gente en general y a los fans en particular. No dispongo de ese mínimo de paciencia que han de tener los artistas para aguantar esas lamidas de culo y chupadas de polla tan superficiales.

Como tercera razón expongo mi aversión enfermiza a las faltas de ortografía (lo que no significa que yo no cometa alguna). Si a alguien se le ocurre subir una canción mía con la letra llena de errores, arde Troya. Por no hablar de las aberraciones que hay que leer en las redes sociales, lo que me empujaría a borrar todos mis perfiles o, en su defecto, ser la más odiada del lugar por mis respuestas agresivas en lugar de agradecimientos.

La cuarta es que no me gusta hablar en público. Sí, sí, hay periodistas a los que no nos gusta eso. Lo pasaría fatal antes de cualquier concierto, presentación o entrevista y mis nervios me matarían.

La quinta y última es que no sé escribir canciones. No sé cuadrar estructuras, buscar rimas ingeniosas, ni crear una melodía. Y para que me escriba las canciones otro (como ocurre con las ‘grandes estrellas’), pues me quedo dedicándome a lo mío, que al menos lo hago yo.

Por esto y por muchas características más valoro tanto el trabajo de los artistas, su talento, su esfuerzo y su santa paciencia. Porque no, cualquiera no vale para ser cantante.

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Que suene México

Recuerdo la primera vez que escuché tu voz con la propuesta de trabajar contigo. No me lo pensé dos veces, no podía dejar escapar algo tan mágico y único capaz de engancharme durante horas con tan sólo darle al ‘play’. Así empezó la aventura y a medida que iba descubriendo a Kairo como artista, también fui conociéndote como persona, y puedo decir que estoy orgullosa de ti en las dos facetas. He encontrado mucho más que un cliente: un amigo, un confidente, “una ayuda incondicional, un apoyo sin límite, un hombro en el que llorar”. Es un placer trabajar a tu lado en estos primeros pasos, es genial tenerte cerca aún sabiendo que llegarás muy lejos.

Si se trata de perseguir un sueño, tú eres un claro ejemplo de que con esfuerzo y constancia se puede lograr. Años de preparación, de perfeccionamiento de ese talento que posees en la voz y las ganas de comerte el mundo te llevan ahora a dar un salto tras el que aterrizarás con tu música al otro lado del charco. Siempre comentamos que eres la excepción al dicho de ‘nadie es profeta en su tierra’, ya que te haces querer en cualquier escenario que pisas, empezando por los de tu querido Tous. Y ahora, con unas cuántas copias de tu primer disco, ‘Escalera al cielo’, llegas a México, donde te esperan con los brazos abiertos, a ofrecer tu arte en directo.

Te voy a echar de menos a tanta distancia, aunque sé que allá estarás en buenas manos y que Safree te cuidará. También me tranquiliza saber que tienes billete de vuelta, para qué nos vamos a engañar… y que a tu regreso podremos celebrar muchos éxitos conseguidos.

Que suene México con tus canciones, que disfruten de tus conciertos, que compartas alegrías con tu público… y que vengas rápido a contarme todo y a meterme en la maleta para la próxima. ‘Primero que todo’, no te olvides de mi consejo fácil: sé tú mismo. (Y lleva el portátil en el equipaje de mano).

Mucha suerte en la aventura, corazón azul. Te quiero.

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Viajes en autobús

Me subo al autobús y me siento ocupando el lugar de mi ‘acompañante’ con la mochila. Por alguna razón he despertado la curiosidad de un niño, le calculo unos 6 años. La criatura no me quita los ojos de encima, no tiene ni idea de que ese descaro natural se convertirá en vergüenza y miradas esquivas con el paso de los años.

Escribo a la antigua usanza, boli y papel, en mi agenda morada. Me he dado cuenta de que no escribo más a menudo porque no me enfrento al papel en blanco, y la pantalla del ordenador cada vez me inspira menos. Y eso que, paradojas de la vida, mi trabajo consiste precisamente en inspirarme ante una hoja de Word vacía. A este paso nunca ganaré el Pulitzer.

Dejo la ciudad a ritmo de Cloaka Company y Rapsusklei, pasando la feria sin mucha actividad a estas horas. Antes de llegar al aeropuerto, el niño de la mirada escrutadora se ha cansado de observarme y se ha quedado dormido. Estas curvas a alta velocidad hacen difícil que me quede clavada en el asiento, y no, un autobús con matricula VA-AK no tiene cinturones para pasajeros.

Me gustaría subir en alguno de esos aviones de Villanubla, con rumbo a Londres, Bruselas o Barcelona. Sinceramente, después de un año mi alma me pide altos vuelos, la carretera se me queda pequeña. Este paisaje es otra de las cosas que poco me inspiran. Eternas llanuras con el horizonte visible en los cuatro puntos cardinales, y a lo lejos, molinos eólicos que al mismísimo Don Quijote le causarían desconfianza.

En el asiento de delante se ha sentado la típica adolescente enfadada con el mundo. No es que me lo haya dicho, pero se le nota por la cara de asco que lleva puesta. Estoy por pasarle las canciones de Rayden por Bluetooth a ver si cambia la expresión. Y detrás tengo a una persona indefinida, que me activa la vena violenta cada vez que abre y cierra el cenicero del respaldo.

Llegamos a la primera parada: Medina de Rioseco. A esta altura suena Xenon y Zeidah. Se bajan el niño y su madre, y la adolescente enfadada, que por lo visto es hermana del crío. Ahora que nadie me observa, dormiré un poco…

…                          …                              …                           …                              …

…Despierto cuando el meneo del asfalto roto no me deja dormir más. Sigo viendo el horizonte aunque algo más ondulado que en Tierra de Campos. Atravesamos enormes plantaciones de girasoles de todo tipo: girasoles gigantes, girasoles enanos, girasoles múltiples… esto me recuerda que el año que viene tengo que plantar unos.

La chica que viene detrás me cae mal. Está hablando por teléfono y a pesar de que yo llevo la música a tope (ahora Nach) la escucho. En cuanto se baje le doy un collejón por pesada. A pesar de todo, con un cielo despejado es mucho más agradable hacer este viaje en verano.

Mientras tanto empieza a perderse el horizonte mirando al norte. Ahí está la Montaña Palentina, inconfundible y siempre acogedora. Allá vamos, dejando atrás los 30ºC de la ciudad para dormir tapada con mantas. Sin escuchar las sirenas de las ambulancias o al vecino cuando se levanta por las mañanas. Hogar, dulce hogar.

Não voltarei a ser fiel

“Fiz-me na noite
actor principal
entrei numa peça,
nem sei bem qual.
Hoje sou o amante
que te vê dançar.
Amanhã o errante
que te vai deixar.

Não, não voltarei a ser fiel, fiel.

Procuro a loucura
na noite fingida,
esquecer mais um dia
de vida vazia.
Nem sequer já me importa
o que possas dizer,
represento a verdade
que eu bem entender.

Não, não voltarei a ser fiel, fiel”

Santos e Pecadores

 

Porque tinha vontade disto, porque estou com saudades da lusofonia, porque alguém falou de um fim de semana em Lisboa e… porque não voltarei a ser fiel.

Le gustaba leer

De niño, vivía inmerso en un mundo de fantasía e imaginación. Cuando aún no sabía leer, se sentaba por las tardes entretenido escuchando los relatos que le regalaba su abuelo.

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(Monumento al Maestro junto a la Catedral de Palencia. Escultura de Rafael Cordero.)

Apenas había cumplido los 4 años cuando ya era capaz de juntar las letras y darles sentido. Devoraba los cuentos infantiles, y las horas se le pasaban rápidamente con un libro entre sus manos. Absorbía palabras e historias, y con cada página se trasladaba a un mundo paralelo y aprendía nuevas formas de vida, mientras leía. La cantidad de obras que fue conociendo a lo largo de los años se iban acumulando en interminables estanterías que adornaban la pared de su casa. La biblioteca, su paraíso; los autores de los libros, sus mejores amigos; las palabras, su herramienta; y la vista, su bien más preciado.

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Era contrario a la literatura llevada al cine, pensaba que la magia de la palabra escrita se perdía de camino a la pantalla. Un tipo solitario, que nunca formó una familia ni le gustó la presencia de la gente. Su trabajo como bibliotecario le permitía pasar la mayor parte de su tiempo en compañía de los libros, en un ambiente de oscuridad y silencio que le aislaba del mundo exterior. Sabía más de la historia pasada que de los acontecimientos de actualidad, porque éstos aún no constaban en los libros.

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Se le podía considerar un hombre sabio, por todos los conocimientos que había adquirido a lo largo de su vida. Cuando la vejez llamó a su puerta, de lo primero que se apropió fue de su vista. Tantos años forzando para poder leer con la mínima iluminación le pasaron factura. Pero su memoria aún retenía todas esas historias y sus personajes, las diferentes épocas y lugares que le habían acompañado desde niño. Evocando sus recuerdos, con los ojos vacíos de luz, pasó sus últimos días. Y así murió, solo, rodeado de libros, y sin ningún ser en el mundo que algún día hubiera sentido aprecio por él.

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Había recurrido siempre a un gran maestro, el Señor Libro, pero olvidó las enseñanzas de vida que le podía haber mostrado el Señor Calle. Por eso, su existencia no fue plena…

A dos pasos de Lenny

Supongo que a estas alturas, quién más y quién menos se habrá enterado de que Lenny Kravitz anda por España. Su gira, con motivo del vigésimo aniversario de su primer disco ‘Let Love Rule’, comenzó ayer en Valencia, en presencia de miles de fans, y despojado de las largas rastas que durante tantos años fueron su seña de identidad.

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Esta noche la actuación será en Córdoba, ciudad que acoge a Nuria temporalmente. No sabemos lo que Lenny hará durante la semana, si se dedicará a hacer turismo, o se encerrará en el hotel con una mascarilla a lo Michael Jackson por miedo a ser contagiado por la Gripe A, pero lo cierto es que hasta el próximo fin de semana no se subirá a los escenarios.

Será el viernes en Madrid donde aparecerá de nuevo, y el sábado en Zaragoza se despedirá de su tour por la península para continuar por Europa. En esta ocasión me quedo otra vez sin ver en directo a mi ídolo musical, tendré que esperar para la próxima y conformarme con escuchar su discografía. Discografía, por cierto, que tengo original, adquirida en Buenos Aires (por si a alguno se le ocurre acusarme de piratería… ejem!)

Lenny Kravitz es un artista legendario, que a punto de cumplir 45 años no ha parado de crear y publicar discos, un total de 10 en 20 años: ‘Let Love Rule’ en 1989, ‘Mama Said’ en 1991, ‘Are You Gonna Go My Way’ en 1993, ‘Lenny Kravitz Unplugged’ en 1994, ‘Circus’ en 1995, ‘5’ en 1998, ‘Greatest Hits’ en el 2000, ‘Lenny’ en el 2001, ‘Baptism’ en el 2004, y su última grabación hasta el momento, ‘It is Time for a Love Revolutionen el 2008.

Aprovecho para presentaros a la versión portuguesa de Lenny Kravitz. Se llama André Indiana, canta en inglés y tiene un asombroso parecido musical con el rockero neoyorkino. Eso sí, sin rizos…

Adiós, señora…

Conocí a Fran hace algo más de dos años, cuando los dos compartíamos dudas e ilusiones ante el destino que nos deparaba en Lisboa, la ciudad en la que vivimos tantos momentos de risas, fiestas, música, y largas conversaciones. Fran es un tipo comprometido con sus ideales, soñador, luchador, y siempre utópico. Le gusta el cine y el periodismo, escucha a Cecilia, y se siente orgulloso al verme dormir con su camiseta del PSOE. Le da igual lo que piensen de él los demás, es fiel a su estilo, y si no, que se lo pregunten a Pessoa.

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Un día, Fran me habló de Veronal, un grupo de música que tenía con unos amigos de Madrid, y enseguida me picó la curiosidad de escuchar algún tema suyo. Pasé una canción, Taxi, Señora, a mi ordenador, y aunque no es ni mucho menos de mi estilo, me pareció gracioso. En mi portátil era como un himno divertido, y cuando lo apago, se le oye a Fran decir: “Adiós, Señora…”

Llevaba tiempo pensando en cómo presentaros Veronal, ¿quizá con un nuevo tema? ¿O el lanzamiento de un disco? Pero hace poco me enteré de que el grupo se había separado, y sus componentes iban a tomar caminos diferentes. Por eso, -y más vale tarde que nunca-, hoy os presento a Veronal a través de una entrevista a Fran:

-Háblame de los componentes de Veronal.

Veronal llegó a tener cuatro componentes, aunque uno de ellos duró relativamente poco. Yo, fundador del grupo, componía la música y algunas de las letras, pero Victor, el vocalista, insistió en que quería poder escribirlas él, como forma de evasión. Pedro, que fue quien menos tiempo estuvo en el grupo, tocaba el violín y hacía básicamente arreglos, e Irene, la percusionista, a veces se adaptaba a lo que yo había compuesto previamente, o decidíamos empezar juntos una canción desde cero partiendo de algún ritmo que improvisase en el djembé.

-¿Cuándo y cómo se formó el grupo?

En octubre de 2005, de borrachera para variar, hablando de música, decidimos Pedro, Víctor y yo quedar un día para probar a tocar juntos. Los ensayos se hacían en mi casa y al principio, para ver cómo nos acoplábamos, tocábamos versiones. Un poco más tarde, cuando vimos que aquello estaba medianamente consolidado e interpretábamos ya temas propios, se sumó Irene, que nunca había tocado en una formación. Pero lo cierto es que Pedro y ella coincidieron apenas dos meses y mientras el grupo estaba todavía definiéndose. Aunque pasamos buenos ratos los cuatro, recuerdo Veronal como Irene, Víctor y yo.

-¿Cómo definirías vuestro estilo?

Es posiblemente la pregunta que en más ocasiones he tenido que responder, y a la que creo no haber contestado dos veces de la misma manera. Entrando un poco en tecnicismos, hacíamos ritmos de jazz con acompañamientos de piano basados en la música clásica; las letras eran casi siempre personales, extrovertidas. Es difícil encajarnos en un estilo, pero recuerdo una definición que hice un día y que me atrevo a reiterar: ruido jazz.

-¿Cuáles son vuestras influencias?

Cada uno de nosotros tenía las suyas propias, que es lo que daba al grupo un toque diferente, extraño, que es cierto que no siempre funcionaba bien, pero que nos hizo especiales –al menos en mi corazoncito-. Yo llevaba mucho tiempo tocando con otra formación, pero apenas componía, y casi siempre eran arreglos sobre canciones ya pensadas. Los artistas que me animaron a escribir y a recrearme en las composiciones fueron Marlango y Nacho Mastretta. Víctor escucha todo tipo de música, pero quiere dedicarse al R&B, por lo que componía versos que se asemejaban a los de este estilo, pero en castellano. Irene escucha, sobre todo, nueva música andaluza, del estilo de Chambao y Canteca de Macao, razón que la llevó a comprarse un djembé y a trabajar su sentido del ritmo.

-Preséntanos vuestra canción fetiche, ‘Taxi, Señora’.

Podría inventarme una romántica historia sobre esta canción, pero la verdad es que la empezamos a componer Irene y yo haciendo un submarino en un armario basándonos en un chiste que me gustaba mucho a pesar de ser bastante malo, y que le contaba a todo el mundo. Los versos y el resto de la letra llegaron ya ensayando, y los escribió Víctor, aunque prácticamente votábamos minuciosamente cada línea, porque desde el principio pensamos que la canción iba a ser nuestro fetiche y queríamos que contase una historia. Fue la primera vez que por fin decidimos poner humor negro a nuestra música y abandonamos el carácter melancólico del resto de composiciones.

-¿Por qué se separó Veronal?

Los componentes teníamos muy poco tiempo, diferentes ritmos y prioridades. Víctor no quería dejar el grupo, disfrutaba cantando con nosotros y le dábamos bastante libertad para componer, pero la mayoría de las veces su dedicación al grupo empezaba y terminaba en los ensayos colectivos. A mí como pianista me requería más esfuerzo poder preparar las canciones, y me mantenía ocupado mucho más tiempo. Es natural que el peso de un grupo recaiga más sobre unos miembros que sobre otros, pero a mí me parecía muy frustrante. Irene se lo pasaba muy bien tocando con nosotros, pero tampoco era su prioridad tampoco para ella, y tampoco se le podían exigir a ella más esfuerzos que a Víctor. Algunas veces pasábamos períodos demasiado largos sin ensayar –como dos semanas-, y aunque los tres funcionábamos estupendamente a nivel creativo, creí que era mejor dejarlo. En mi anterior grupo había sido yo quien menos preocupación mostraba por nuestro trabajo, y con Veronal para mí fue al revés. No fue culpa de nadie, pero no tenía sentido seguir con un proyecto si cada uno interpretaba las responsabilidades de forma diferente. Para mí era un trabajo, para Víctor era un futurible, algo que nunca terminaba de coger vida propia, y para Irene era más bien un pasatiempo. Yo quería tocar con gente a la que crear música le gustase tanto como a mí, y a la que las horas de ensayos les mereciesen la pena, y creí que lo más sensato era dejarlo.

-¿Qué planes tenéis los componentes del grupo al margen de Veronal?

Yo sigo estudiando música, en la rama de composición, y dentro de mi escuela se me incluirá el próximo mes en un cuarteto de jazz, como parte de una asignatura, que espero funcione. Víctor, que echaba de menos el humor negro musical, ha encontrado un amigo que vive cerca de él y que pone música con su guitarra a algunas composiciones bastante macabras de vez en cuando. Irene, no obstante, ha dejado la música y se dedica a la interpretación, que es uno de sus sueños.